Fresco del Toro - Arte cretense

jueves, septiembre 02, 2010

KAREN HORNEY, una pionera de la ruptura con el modelo freudiano

Karen Horney representa en la historia del psicoanálisis un personaje muy debatido, pues se opuso a las teorías biologistas y organísmicas freudianas, defendiendo un modelo interaccionista donde lo cultural toma un papel preponderante a la hora de explicar las claves del desarrollo humano y de la psicología de la mujer, superando las estrecheces anteriores. La revisión de todo ello es el objeto de este trabajo, con el que se trata de rendir un homenaje a la principal responsable del psicoanálisis culturalista o neopsicoanálisis. Karen Horney (1885-1952) fue hija del noruego Berndt Henrik Vackels Danielsen y de Clotilde Maris von Ronzelen, una descendiente de holandeses conocida como Sonni. El padre de Karen era capitán de la marina mercante y la madre hija de un arquitecto que se había educado en el clásico ambiente burgués de la época y en un entorno religioso marcado por el protestantismo. Clotilde no estaba enamorada de Berndt e incluso lo despreciaba, sentimiento que imbuyó en su hija, quien se desarrolló en un clima familiar con escasas muestras de amor entre los padres. A los 13 años, alentada por su madre, Karen decide estudiar medicina, lo que le obligaba a dejar la escuela religiosa. Karen empezó a mostrarse muy ambivalente con su antes admirada madre, quejándose de su esnobismo y de su antisemitismo. Con 21 años, Karen inicia la licenciatura de medicina en la Universidad de Friburgo.En 1909, contando 24 años, Karen contrae matrimonio con Oskar, instalándose en Berlín, otra vez junto a su madre, viviendo toda la familia de lo que ganaba el esposo. Por esta época, Karen empieza a asistir a la Clínica Neuropsiquiátrica de la Universidad, donde conoce a Karl Abraham, con quien iniciaría su primer análisis por estar aquejada de ciertas dificultades sexuales y de un prolongado estado depresivo. Poco después, en mayo de 1910, fallece su padre, acentuándose su tristeza, a pesar de lo cual decide interrumpir su tratamiento psicoanalítico. En este tiempo nace su hija Brigitte y en febrero de 1911 muere su madre, planteándose reanudar su análisis a causa del bajo estado anímico en que se encontraba, optando finalmente por el autoanálisis por temor a sus reacciones transferenciales. En 1911 Karen finaliza la carrera en Berlín, iniciando inmediatamente su formación psiquiátrica a la par que asiste a las reuniones científicas de la Asociación Psicoanalítica local, donde presentó en febrero de 1912 una comunicación sobre la educación sexual de los niños, dos años después presenta su tesis de doctorado que versó sobre el traumatismo físico como causa de la psicosis. En 1915, en plena guerra mundial, fue nombrada secretaria de la Asociación Psicoanalítica de Berlín. Ya tenía dos hijas (Brigitte y Marianne), naciendo Renate, la última, en 1916, año en que la familia se instaló en la opulenta villa de Zehlendorf. En 1920, la posición de Horney en el grupo freudiano se iba desacreditando, lo que, junto a la situación política y económica en que se debatía Alemania, hizo que Karen aceptara un puesto de directora adjunta en el Instituto Psicoanalítico de Chicago que lideraba Franz Alexander, un antiguo discípulo suyo. Partió para los Estados Unidos en 1932, acompañada de su hija Renate, pues las otras dos hijas ya eran independientes. Pasado un año se nacionalizó norteamericana, convalidó sus estudios médicos y empezó a publicar muchas obras clínicas, creándose un notable prestigio que condujo a elevados ingresos económicos en su consulta privada. Su vida acabó el 4 de diciembre de 1952, falleciendo a consecuencia de un cáncer de pulmón.

La ruptura con el modelo freudiano al preconizar
las influencias culturales en el desarrollo humano
Aunque se suele estimar que Alfred Adler fue el iniciador del enfoque culturalista, de hecho fueron Erich Fromm, Harry Stack Sullivan y Karen Horney quienes verdaderamente se constituyeron en los pioneros de este movimiento, cuya característica central fue el rechazo de la teoría pulsional (y sus múltiples derivados) en favor de la determinación socio-cultural en el desarrollo humano normal y patológico, así como en aspectos nucleares de la identidad femenina. Tales autores propiciaron así mismo la sustitución de los métodos psicoterapéuticos prolongados y pasivos de los freudianos por otros más breves y activos, en los que los conflictos del presente y la relación con el paciente se tornaron esenciales.
1. La etapa freudiana, que abarca desde 1917 a 1932 y que se desarrolla en Europa, aunque en un trabajo precoz, La técnica de la psicoterapia psicoanalítica (Horney, 1917), empieza a mostrar ciertas disconformidades con el modelo psicoanalítico clásico. En los escritos sobre la psicología femenina también estuvo en contra de las tesis de Freud, Abraham y Deutsch.
2. El despegue del freudismo, que se extiende desde 1932 a 1941, en Estados Unidos. Las principales ideas de esta etapa se encuentran en La personalidad neurótica de nuestro tiempo (Horney, 1937), en donde da a las interacciones del niño con su madre y a las influencias socioculturales un papel central a la hora de explicar el desarrollo humano en cualquiera de sus facetas, dejando de lado el enfoque basado en la teoría pulsional y en el complejo de Edipo.

3. El establecimiento de su propia doctrina, desde 1942 en Estados Unidos, construyendo unas teorías muy alejadas del psicoanálisis clásico, con claras influencias de Goldstein con su noción de organismo, de Smuts con su concepción holística, de Whitehead con su idea de proceso y de Bertalanffy con su enfoque acerca de los sistemas, así como de los antropólogos Kardiner, Linton y Margaret Mead. Las obras básicas de esta etapa son Nuestros conflictos interiores (1945), Neurosis y madurez (1950) y Psicología femenina.
La personalidad neurótica de nuestro tiempo (Horney, 1937), llegó a ser un auténtico best-seller. En esta obra, aparecen con claridad sus nuevas ideas y sus originales propuestas terapéuticas, primando en todo ello lo cultural sobre lo pulsional. En cierto sentido, La personalidad neurótica de nuestro tiempo supuso una crítica a El malestar de la cultura de Freud (1930), cuyo punto de partida era la sociedad patriarcal y en donde se mantenía una visión pesimista para el destino de la Humanidad.
Más concretamente, para Horney los verdaderos desarrollos neuróticos tendrían las siguientes raíces conflictivas:
1. Dar y recibir afecto.
2. Asuntos alrededor de la autoevaluación y la autoafirmación.
3. Represión de la agresividad u hostilidad básica, que haría emerger la angustia básica, afecto que sería el núcleo de toda neurosis, la cual posee tres rasgos esenciales: la indefensión, la irracionalidad y el carácter de alerta de que algo no va bien dentro de nuestro self.
4. De tal angustia básica se intenta escapar mediante muy variadas defensas caracterológicas, entre las que destacan las racionalizaciones, las negaciones, las narcotizaciones (drogas, viajes, trabajo, compras), los escapes, las inhibiciones, los eclipsamientos parciales del conflicto, el aislamiento social, las idealizaciones de sí mismo y las exoactuaciones o actings-out.
5. El objetivo terapéutico debía ser, así, el de procurar elevar la autoestima y el autocontrol del sujeto, evitando en el análisis aquellas interpretaciones que lastimaran su ego, pues, si se hacía esto, se pondría en marcha la llamada reacción terapéutica negativa, que Freud situaba en el eterno retorno de lo pulsional ; otra fuente de tal reacción terapéutica negativa sería la actividad interpretativa autoritaria o crítica, sobre todo en el caso de pacientes que habían tenido conflictos con cuestiones que gravitaban en las esferas de la necesidad de poder y de la búsqueda de cariño (Horney, 1936).


2 comentarios:

  1. O sea, que hay personas sanas?

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  2. Según la Dra. Horney los verdaderos desarrollos neuróticos tendrían sus raíces conflictivas en: a) dar y recibir afecto, b) asuntos de autoevaluación y la autoafirmación c) Represión de la agresisbidad u hostilidad básica, que haría emerger la angustia básica, efecto que sería el núcleo de toda neurosis, la misma que posee tres rasgos escenciales: la indefensión, la irracionalidad y el carácter de alerta de que algo no va bien dentro de nuestro self.
    Podemos entender de este tercer conflicto que su origen es la violación de una niña/o. Porque el acto es realizado por un ser que supera en edad y fuerza al menor al momento de agredirlo sexualmente configurando la violación, lo que lleva a la angustia y hostilidad. La indefensión de la víctima produce un trauma del que irremediablemente no será superado, si acaso puede ser el recuerdo doloroso de la destrucción de la inocencia, recuerdo que permanece y conduce a la irracionalidad, como bien afirma la Dra. Horney, lamentablemente las consecuencias posteriores son inevitables, las mujeres violadas aún habiendo recibido ayuda terapeutica no pueden sobrellevar esta cruz y sus potenciales intelectuales se ven obstruidos por el dolor que esta latente en el alma, y el recuerdo del llanto por la muñeca rota. Es dificil impedir que se sucedan estos casos, la barbarie humana llega hasta el asesinato de estas criaturas para impedir que cuenten el hecho, y no nos sonrojemos si afirmamos que en muchos casos son los padres los autores, amen de los familiares mas cercanos. Evaluemos la reforma de los metodos para amenguar la neurosis que causa este daño irreparable.

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